
Vayan por delante dos axiomas, a modo de parapeto. Y disculpen que me ponga estupendo , como Spinoza, en more geométrico:
Axioma 1: Pido disculpas por lo que a continuación perpetro a las gallinas, animales extraordinarios donde los haya, aunque con competencias inferiores al pato, animal pluscuamperfecto (es como los tres ejércitos: puede avanzar por tierra, mar y aire).
Axioma 2:el orden de picoteo de las gallinas es una evidencia etológica, estudiada entre otros por el Nobel Konrad Lorenz. En síntesis, en un gallinero existe una jerarquía, que se manifiesta por quién recibe picotazos de quién. La gallina “reina del gallinero” picotea a todas, y nadie la pica a ella. La gallina que ocupa el último lugar en la jerarquía- la llamaremos n – es picoteada por absolutamente todas las demás, y ella no pica a nadie , por lo que el estrés que sufre suele conllevar, con el tiempo, su muerte. De acuerdo, es cruel, pero lo es más todavía el que entonces la gallina que ocupaba justo el penúltimo lugar en la jerarquía – es decir n-1 -es entonces picoteada por todas las demás, y con el tiempo, ella, que ayudó a acabar con la última, sufre idéntico fin. Hasta aquí, biología.
Vayamos a la parte pedagógica,filosófica, psicológica o sociológica, como se prefiera (yo prefiero la visión pedagógica, lógicamente): los humanos se diferencian de los animales por ser criaturas capaces de generar valores morales, y en base a ello, poder elegir cursos de acción de acuerdo con esos valores. Es decir, y si se quiere, más simplificado todavía: no hagas lo que no te gustaría que te hicieran.
Vayamos a la observación de campo, en el apasionante ecosistema humano en que me toca moverme: en muchos grupos humanos, se puede observar un comportamiento similar al de las gallinas. Los picoteos son indirectos, psicológicos, acerca de la forma de vestir, el peinado, las aficiones, la vida privada, etc., de la víctima. El individuo atacado puede, con el tiempo, desaparecer-queda para otro día un comentario acerca de las diversas formas de desaparecer, y aún esto, ligado con diferentes dimensiones temporales-. E imaginando escenarios posibles, sabe uno que una de las gallinas atacantes, pasará entonces a ser triturada por la propia maquinaria de denigración de las personas que en su día ayudó a funcionar. Parte de las piezas de esa maquinaria destructora están unidas a base de un adhesivo de composición química muy compleja, que incluye, entre otros ingredientes: vanidad, envidia, inseguridad, hipocresía, y así hasta más de 100 componentes extraordinariamente corrosivos.
Es sorprendente el que un mecanismo tan primitivo sea aplicable al estudio del comportamiento de los grupos humanos y ,a pesar de la teórica capacidad moral existente en los humanos, el vuelo moral de muchas personas sea de tan baja altura, gallináceo, insignificante, ridículo, patético.
Al observador desapasionado, que levanta acta de lo que ve, le queda, tal vez, el consuelo de saber, en base a sus lecturas y observaciones, que este mecanismo cruel sigue un proceso de control en lazo cerrado. Basta.

